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lunes, 12 de noviembre de 2007

¿Al faraón le llegan las plagas bíblicas?

Según parece, al "faraón" de Madrid le estaría persiguiendo alguna clase de maldición.

El exorbitante dispendio de 440 millones de euros que ha costado la mudanza del Ayuntamiento de la Plaza de la Villa al Palacio de Telecomunicaciones, parece que no había tenido en cuenta la presencia de unos indeseados "okupas".

Como si se tratara de una maldición bíblica, y a una escasa semana de la mudanza, la nueva sede del ayuntamiento madrileño se vio "asaltada" por una plaga de ratones (otros hablan de ratas, sin especificar a qué o quiénes se refieren), que campan a sus anchas por el despachazo de 80 metros cuadrados del alcalde, la Sala de Juntas de Gobierno, el Salón Institucional y el Salón de Actos, y otros despachos y pasillos de la cuarta planta del Palacio del "faraón".

Después de varios sobresaltos, mandaron al personal a casa antes de tiempo, y -tal vez invocando la intercesión de la Patrona de Madrid- se dedicaron a desratizar durante el día de la Almudena.



Los madrileños tendrán que seguir aflojando los cordones de la bolsa, porque todavía faltan desembolsar unos 77 millones de euros para culminar todas las obras de reforma del nuevo "despachito" de Gallardón, quien -para dejar contentos a todos- ha colocado un crucifijo junto a un libro de poemas de Neruda. Casi como en el tango Cambalache, donde la Biblia llora junto al calefón...

domingo, 4 de noviembre de 2007

El despacho “minimalista” del Sr. Gallardón

Nuestro alcalde ha trasladado su despacho de la venerable e histórica Casa de La Villa a otro, todo nuevecito, en el Palacio de Telecomunicaciones (basílica de Ntra. Sra. de Correos para los castizos). Dispondrá de un despacho de 80 mt2 con decoración “minimalista”.

Es usted un cursi redomado. En completa sintonía con lo que predomina en la política nacional.

Con la oficiosidad del cortesano bien engrasado y como un sapo henchido del viento de si mismo, ha abierto de par en par sus puertas, y en primicia, al periódico “El País”. Es cierto que cuando su finado dueño redujo el PP y sus votantes a un puñado de “fascistas y guerracivilistas”, el Sr. Rajoy declaró el boicot al grupo en cuestión. Pero: ¿alguien se toma en serio lo que dice el Sr. Rajoy? Nuestro alcalde, en concreto, se lo pasa por el arco sacro.

Durante 400 años los alcaldes de este villorrio han ejercido su cargo sin problemas desde el antiguo caserón. Mejor o peor. A su lado, en la Torre de los Lujanes, se mantuvo prisionero al rey de Francia, Francisco I. Mucha historia para este alcalde.

También es cierto que en el XIX el barrio perdió su esplendor y tomó un tinte “galdosiano”. Por las puertas del Ayuntamiento, por calle Mayor, bajaban, de vez en cuando, ciudadanos cabreados a montarle el pollo a alguno de los infectos borbones que gobernaban. Luego subía la respuesta del monarca, con los reos camino de ser ajusticiados en la Plaza de la Cebada.

No sabemos, todavía, cuanto costará el traslado. Pero es seguro que los madrileños lo pagaremos con gusto con tal que el Sr. Gallardón se encuentre cómodo con su decoración “minimalista”. Hay que reconocer que nuestro Alcalde se ha ido a un barrio con mucho más “caché” y su despacho goza de mejores vistas. Tiene a su lado la Plaza de Canalejas con la Bolsa de Madrid y los despachos con más lustre de la capital. Sobre todo está a un tiro de piedra del edificio de las Cortes. Seguro que le viene bien.

El alcalde desconoce al personal de esta villa. Es bastante desgarrado y hortera. Pero no se confunda Sr. Alcalde, muy de vez en cuando le gusta sacar el genio a pasear. Que se lo pregunten a los del área de Movilidad y sus parquímetros.

Usted es un cursi redomado, un arribista con pretensiones. Pero en este poblacho, los aristócratas van a tomar agua con limón y a bailar el chotis en la pradera de San Isidro. Aunque habrá visitado infinitas veces los cuadros de D. Francisco de Goya, seguro que no ha reconocido esta aristocracia representada en algunos de ellos. O que fue descrita por D. Benito Pérez Galdós en algunas de sus novelas.

Basta con ver su mueca cuando se cree obligado a acudir a alguna de las fiestas patronales.