Y me importa un pimiento que sólo se trate de un voto.
Estoy hasta la coronilla del maldito "voto útil", porque el voto útil es el más vil de los engaños.
Estoy hasta la coronilla de votar por un partido que se equivoca a cada rato, y que a veces sólo acierta "cuando se equivoca".
Estoy hasta la coronilla de pagar impuestos para que la casta política se llene los bolsillos.
Yo no puedo votar a Gallardón. No puedo votar a quien reparte alegremente la píldora del día después a niñas menores de edad sin conocimiento de sus padres, a quien financia talleres de actividades que ofenden mi moral, y supuestas muestras de arte que ofenden a mi religión, a quien sistemáticamente traiciona a su partido, a quien siembra discordia cada vez que tiene la ocasión, a quien hace declaraciones envenenadas cada vez que le ponen delante un micrófono.
Porque no puedo votar a quien canta odas a los que insultan a su partido. Porque no puedo votar a quien se dice "liberal" y luego hace políticas socialistas. Ni puedo votar por un ambicioso que no duda en arrastrarse ante los medios con tal de obtener sus objetivos.
Son muchos los motivos por los cuales no voy a votar a Gallardón.
Y si Alberto Ruiz-Gallardón va en las listas del PP, como no puedo votar por él, me veré en el impedimento de votar al PP. Y no se cumplirá ese principio que aplican muchos en el PP: "chillan pero no hay que hacerles caso, porque al final votan al PP". No será mi caso. Ni el de algunos que conozco. Me parece inmoral que se trate así a los votantes.
El único voto útil es aquel que me representa. Y Gallardón no me representa.
Y ya no me vale más el gallegueo. A veces hay que mojarse y cruzar el Rubicón.
Publicado en paralelo en Reflexiones de la era zp.